Si leyera un libro por semana y viviera una larga vida sólo podría leer la décima parte del 1% de los libros que están aquí. El secreto está en saber qué libros leer.
El 29 de diciembre de 2078 cumpliré cien años. He calculado muy por encima que para entonces habré sido capaz de leer el 2% de los libros publicados en uno solo.
Soy publicista de profesión y librera de vocación. Quise ser dibujante de cómics, escritora, retratista y dramaturga. Lo intenté. No tenía talento ni disciplina. Por alguna razón que no acierto a recordar acabé estudiando Ciencias de la Información y trabajando muchas (muchas muchas) horas al día para que la mayor cantidad de gente posible necesite coches más lujosos, teléfonos móviles más inteligentes, relojes suizos o (no pasa nada, ya atravesé y superé la crisis ética tan propia del publicista).
No disfruto conduciendo, hasta ayer tenía un móvil de museo de historia y hace años que no uso reloj. Pero la literatura… la literatura ha estado y estará siempre en mi vida. Trasciende los formatos, el papel, las pantallas. Pensando en esto, todo cobra sentido: ahora trato de dedicar al menos una parte de mis esfuerzos a intentar que la gente necesite leer. Que el libro es un producto es algo difícil de olvidar; pero creo profundamente en él. Los libros son, probablemente, los bienes de consumo que más me han enseñado, los que mejores momentos me han hecho pasar.
Este blog no pretende recaer en academicismos ni complicadas teorías que desaniman al lector antes siquiera de ser lector. Tampoco analizar el mercado editorial bajo el microscopio de un experto, porque a veces, en el proceso, nos estancamos en los números, en el negocio, y se olvida la literatura, y a los que la leen.
Este blog pretende sólo ser un homenaje a una de las pocas pasiones que nunca me ha abandonado. Y, si puedo, contagiarla.
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