Contemplando a Miquel Barceló en el Caixa Forum de Madrid

[…] La obra queda entonces fuera de su alcance.

Abandona la sala sin haber visto nada. “Debí leer todos los

textos”, se lamenta. Abandona el museo asimilando la

amarga posibilidad de que acaso su entendimiento no haya

estado a la altura de la maravilla artística que ha tenido tan

cerca y a la vez tan lejos de sus ojos.

A la salida del museo Gregorio se encuentra con

Estela. El azar impone a sus vidas el encuentro del otro.

La confianza entre ambos permite a Estela deponer los

protocolos y preguntar a Gregorio lo que realmente le

importa: “¿Has entrado?”. Gregorio le responde con un

gesto impreciso. “¿Y eso qué?”, Estela. “Una maravilla”,

Gregorio. Y luego se anima. Le dice: “Es una enorme

vulva de luz colocada en un espacio así y asá”. Y luego

agrega: “Tal y cual”. Y Estela: “Qué bien”.

Al día siguiente Estela se levanta y va al trabajo.

“Muy bien”. “Estela esto y Estela aquello”.

– Nelson Galtero / Gregorio va al museo

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