Del amor y otros demonios. Gabriel García Márquez

Mi abuela me contaba de niño la leyenda de una marquesita de doce años cuya cabellera le arrastraba como una cola de novia, que había muerto del mal de rabia por el mordisco de un perro, y era venerada en los pueblos del Caribe por sus muchos milagros. La idea de que esa tumba pudiera ser la suya fue mi noticia de aquel día y el origen de este libro.

Del amor y otros demonios / Gabriel García Márquez

Del Amor y otros demonios es el último libro de García Márquez que he leído, tras el más que desafortunado Memoria de mis putas tristes (de lectura casi dolorosa para los admiradores de este autor).

Según las declaraciones del propio escritor–que hacen las veces de introducción a la obra-, esta historia parte de un reportaje que García Márquez fue encargado de realizar en 1949 en relación a la definitiva demolición de las ruinas del Convento de Santa Clara (Cartagena de Indias), para la posterior edificación de un hotel de lujo. Durante el proceso, se llevó a cabo la apertura de criptas y recogida de los restos. El descubrimiento en una de las hornacinas de una larguísima cabellera animó al escritor a imaginar a quién pertenecería y cómo habría llegado hasta allí.

San Ignacio exorcizando a un poseso. Juan de Valdés Leal.

Del amor y otros demonios es la historia de Sierva María, una niña de doce años de edad que vivió en Cartagena de Indias durante el s. XVIII. Hija de unos padres negligentes que apenas se interesan por ella, ha sido criada por los esclavos y asumido todas sus costumbres. Tras recibir el mordisco de un perro y considerar sin motivos que puede haber contraído la rabia, es encerrada en un convento y sometida a una serie de exorcismos preventivos.

En su mayoría, los personajes de este libro son fruto de una reconstrucción de personalidad basada en detalles a veces sutiles, a veces excéntricos de su carácter, llenos de extrañezas y manías tan llevadas a veces al extremo que deberías deshumanizarlos y, sin embargo, narradas con tal sensibilidad que nos los creemos a pies juntillas. En la línea de García Márquez, son personajes muy personales (valga la redundancia), siendo esto para mí la mayor aportación de la obra.

Cabe destacar también la exposición de las costumbres y creencias de la época y, con ellas, la terrible contraposición de la religión de los negros caribeños y las rígidas imposiciones de los conquistadores católicos, siendo lo más curioso en este sentido la idea latente de que el salvajismo y superstición de aquellos que dicen traer la civilización es mayor –o al menos, está a la altura- de los rituales de gallinas y talismanes de huesos de los pobladores autóctonos.

La narración de la historia de la niña, víctima de las creencias de los unos y de los otros,  transmite una crueldad y una impotencia que más de una vez me hicieron saltar las lágrimas de pura rabia. En este sentido, el contenido y la prosa de Del Amor y otros demonios son sin duda notables.

Es cierto que para quienes este libro suponga el primer acercamiento a la obra de García Márquez, puede sin duda alcanzar las expectativas. También es recomendable para aquellos –que los hay- que, por su densidad y estilo, no gustan de las obras más elogiadas del autor. Es muy entretenido, adictivo a ratos (no está exento de un punto morboso que enganchará a muchos) y su prosa -de calidad-, es algo más ligera de lo habitual.

Si bien me resultó una considerable remontada tras la lectura desconcertante de Memoria de mis putas tristes, no puedo decir que este libro no produjese en mí otra pequeña decepción, incapaz como soy de no compararla con Cien años de Soledad o El amor en los tiempos del cólera. Bajo mi punto de vista, la historia no termina de cerrar de la forma magistral a la que García Márquez nos tiene acostumbrados. El cuento de amor que se narra me huele a ratos a culebrón, y parece finalmente ganar demasiado terreno a la otra historia que se nos está contando: la de los demonios (en este caso, representados por la Iglesia católica y todos los que, en su nombre, destruyen las vidas de una niña y aquellos que se atreven a amarla).

A la mayoría de nosotros la palabra “exorcismo” nos lleva a pensar en la famosa película de William Friedkin o, como mucho, en supersticiones hace tiempo erradicadas. Bien entrado el siglo XXI, los exorcismos siguen existiendo y son admitidos y regulados por la iglesia católica en base a una especie de código de homologación. Son destacables las declaraciones al respecto del Padre Fortea, sacerdote y exorcista español, y autor del libro Memorias de un exorcista, editado por Planeta en 2008.

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2 comentarios

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