Libros por la mitad. Saramago: El evangelio según Jesucristo.

Saramago es uno de esos autores cuyo nombre ocupa más que el título en la portada de sus libros, algo que se cumple también en la edición de 2006 de Punto de lectura (Grupo Santillana) de El Evangelio según Jesucristo, un libro que he dejado de leer a la mitad.

Me animó a comprarlo la nada decepcionante experiencia que ya había tenido antes con este escritor a través de su célebre Ensayo sobre la ceguera (Fernando Meirelles fue el responsable de una adaptación cinematográfica bastante lograda), de su novela La caverna (un análisis sobre el consumismo que parte de la novela homónima de Platón) y un pequeño relato de nombre El cuento de la Isla desconocida, maravillosamente ilustrado por Manuel Estrada en su edición de 2006 de –también- Punto de Lectura.

Cuando comencé con su lectura no conocía, aunque resulta fácilmente imaginable, la polémica que suscitó la publicación en 1991 de El Evangelio según Jesucristo, y que le valió a su autor la etiqueta de “blasfemo” por parte de la Iglesia Católica portuguesa -que lo vetó de presentarse al Premio Literario Europeo- y también una gran popularidad dentro y fuera de sus fronteras.

Escultura de bronce. Zeus lanzando el rayo. Anónimo S.V a.C.

El Evangelio según Jesucristo es una obra previa a las anteriormente mencionadas. El implacable análisis sociológico presente en otros títulos de Saramago no aparece aquí tan profusamente desarrollado. El objetivo del autor se centra en darnos a conocer, desde su nacimiento hasta su muerte, la otra vida de Jesús de Nazaret, su vida, aunque sujeta a ciertos hechos milagrosos, como hombre de carne y hueso. El evangelio de Saramago no deja de ser esa otra biblia que  muchos hemos imaginado al alcanzar esa edad en la que lo racional nos lleva a entender la falta general de fundamento histórico en el libro original. Ése fue en mi caso parte del problema: que yo ya había imaginado esta historia a mi manera, cuando vino Saramago a contármela por escrito.

Me quedé en la página cientoveintialgo, en el momento en que un Jesús adolescente sale de casa de sus padres camino de Jerusalén. Antes de eso otra adolescente llamada María –que por supuesto no es virgen- quedaba embarazada de su joven esposo, un carpintero de nombre José. Entre medias hay un sueño y un mendigo que hace las veces de Arcángel Gabriel.

Si tengo que destacar algo de esta historia contada desde un tono casi siempre objetivo y en tercera persona, son las intervenciones del autor en primera persona; el autor que de vez en cuando parece no poder contener sus ganas de hablarnos de los detalles de una sociedad arrodillada ante un Dios a veces justo, a menudo despiadado y rencoroso, que a momentos nos recuerda al caprichoso Zeus castigando a Prometeo por entregar el fuego al Hombre; de los remordimientos y la culpa de quien en secreto se enfrenta a él, del castigo ejemplar para quien lo hace, de los sentimientos de mujeres-útero privadas de sentimientos. De los esclavos, del poco valor de la vida.

Eché de menos más de eso que asoma a ratos, pero que queda sepultado tras una historia de cotidianeidad. Al fin y al cabo, de la historia de un ser humano llamado Jesucristo, que es lo que a Saramago le interesó contarnos. Eso sí, con moraleja. Y quien quiera conocerla, mejor que se lo lea hasta el final.

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4 comentarios

  1. ains… yo estoy ahora con Las intermitencias de la muerte… llevo meses con él, pero no arranco… la ausencia de párrafos en la que se empeña este hombre me cuesta mucho, demasiado denso para mi gusto…
    pues nada, que sepas que por aquí me tienes! 😉

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