Sputnik, el amor, la soledad y los sueños de Murakami

¿Has leído a Murakami? ¿¡No has leído a Murakami1? Tenía ganas hacerle un hueco a alguno de los libros del tan comentado Murakami,  traductor y escritor japonés de moda que, sin embargo, se define como poco amigo –o casi enemigo- de actos públicos, fotografías, entrevistas, presentaciones y cualquier actividad relacionada con su condición de celebrity.

A los veintidós años, en primavera, Sumire se enamoró por primera vez. Fue un amor violento como un tornado que barre en línea recta una vasta llanura. Un amor que derribó todo a su paso, que lo succionó todo hacia el cielo en su torbellino, que lo descuartizó todo en un arranque de locura, que lo machacó todo por completo (…) Fue un amor curioso, monumental. La persona de quien Sumire se enamoró era diecisiete años mayor que ella, estaba casada. Y debo añadir que era mujer. Aquí empezó todo y aquí acabó (casi) todo […]

Haruki Murakami / Sputnik, mi amor

Podía haber elegido títulos más conocidos, como Tokio Blues: Norwegian Woods o After Dark, pero me topé con Sputkik, mi amor (Tusquets) mientras trasteaba por la Librería Letras de la calle Hortaleza (Madrid). Me gustó la reseña de la contra, con su metáfora sobre el satélite ruso y la perrita Laika, que me trajo a la cabeza una canción de Mecano que de niña me hacía llorar…, y me lo llevé.

Lo cierto es que la metáfora viene totalmente al caso: tenemos tres personajes que dan vueltas como un satélite perdido en mitad del espacio, mirando por la ventanilla el objeto inalcanzable de su deseo. Se quieren de maneras distintas a como esperan ser queridos. Un joven –el narrador- enamorado de su mejor amiga, a la que desea desesperadamente. Una joven – la amiga- que quiere a su amigo pero ama y desea a otra mujer que, a su vez, la quiere, pero que no puede sentir deseo. Todo un desencuentro. En su mayoría son personajes que, de alguna manera, se prestan a ello: intelectuales enfrascados en libros, músicos frustrados, novelistas solitarios, que mantienen conversaciones un tanto –para mí- demasiado elevadas, sin bajada a tierra (a ratos me hacen recordar -siendo Murakami menos denso- al capítulo de Rayuela en el que un Oliveira fumado y casi en plena catarsis intelectual divaga durante páginas sobre temas musicales, literarios y vitales con su grupo de amigos ilustrados).

La mayor aportación de Sputnik, mi amor es la sensibilidad de Murakami a la hora de abrir en canal los corazones de sus personajes. Esta historia sobre la soledad y el amor es hermosa, y transcurre de forma ligera. Sin darte cuenta has pasado la página que marca la mitad del libro. Sin embargo, a partir de entonces todo se complica. El contenido se vuelve denso (y a ratos hasta aburrido), la idea que hay detrás se nubla: en algún momento –en cuál, es difícil saberlo- asistimos a la separación entre la realidad y los sueños, entre lo vivido y lo imaginado en la huída de la frustrante verdad. Entonces se abre la veda a las interpretaciones que cada lector quiera darle al final de la historia.

Soy consciente de que el resultado no es producto de la incompetencia del autor sino de su deseo de enfrentar al propio lector con el desdoble de los personajes; sin embargo, he echado de menos una novela más redonda, más rematada y libre de ciertos párrafos que, entre mucho otros geniales, se alargan en disertaciones poéticas y oníricas interminables. Y un final donde el cruce de la realidad con la magia de lo onírico no derive en la frustración de quien, llegada la última página, no tiene claro qué ha leído, y qué ha imaginado.

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3 comentarios

  1. Cristina,

    coincido en tú apreciación sobre este libro. Murakami es uno de mis escritores preferidos, tiene ese tipo de prosa que me cautiva y que expone a los personajes en actos cotidianos a su máxima expresividad. Me gusta como entra y sale del surrealismo y como juega con los paralelismos y las idas y vueltas en el tiempo. No obstante coincido plenamente con vos que en el libro “Sputnik, mi amor” de mitad en adelante se vuelve un tanto aburrido y denso. No obstante no deja de ser un buen libro de este autor.

    A mi gusto “Tokio Blues”, “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” y “La caza del carnero salvaje” lo mejor que leí de él.

    Un gusto pasar por acá.

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