Mucho libro, poco lector.

“Hojeando” la revista virtual El Cultural he dado con las interesantes reflexiones de José Ángel Zapatero,  presidente del Gremio de Editores de Castilla y León y fundador de la editorial Menos Cuarto.  De entre los temas tratados, el redactor del artículo ha decidido dedicarle el titular a la problemática derivada de la inabarcable cantidad de títulos editados vs tiradas reducidas,  pues buena parte de estas se verán avocadas a la devolución para dar cabida a las nuevas remesas de novedades, una vez hayan pasado los dos o tres meses de rigor (según su suerte y los recursos puestos en ellos) luchando por un espacio en el estante de las librerías. Destaca Zapatero –en sintonía con las opiniones que he leído por aquí y por allá, de muchos  otros profesionales del sector – que la sobresaturación  provoca la indiferenciación y la mezcla de “la paja y el grano”, por decirlo de alguna manera.

Quiero añadir que provoca, además, el desconcierto del lector, abrumado ante tanta oferta tan parecida (¿quién no se ha mareado alguna vez  ante una mesa plagada de libros protagonizados por  templarios en todas sus formas y colores?). Eso si hay lector, porque  -dicho con tristeza- es evidente que hay demasiado libro para tan pocos que quieren leerlo.

No acabamos de descubrir la pólvora. Esto es algo que las editoriales conocen desde hace tiempo a la perfección, con datos, estadísticas y gráficos de barras: España es el tercer país de Europa con mayor número de novedades anuales y, sin embargo, estamos en la séptima u octava posición en cuanto a número de lectores. Entonces, ¿por qué cada año se acumulan más y más novedades (alrededor de 40.000 en 2009) en las mesas –y cajas del almacén- de las cada vez menos librerías? Qué incoherencia, ¿no? Es probable que la razón sea la misma que la que te hace apostar una ficha a varios números en la ruleta: Más posibilidades de acierto. Si tu número gana, apuestas más pasta. Si pierdes, pierdes menos que si juegas todo a un único número. Eso sí, la apuesta supone dinero: fichas de producción, de anticipos a los autores, de distribución. Y puesto en la balanza, menos pérdidas para quienes se lo puedan permitir.

¿La clave? Algunas editoriales están optando por una reducción progresiva del número de novedades que publican cada año, buscando un equilibrio entre la rentabilidad, lo que el mercado es capaz de asimilar (que siempre será menos de lo deseado) y las exigencias de los distribuidores. Es decir, una fórmula que permita una mayor vida y visibilidad de cada título, más en la línea de las pequeñas editoriales independientes, que admirablemente se van haciendo un hueco. Y, seguramente, un mayor cuidado de cada uno. Esto, y la especialización, la búsqueda de nuevos nichos de mercado y de las formas de cubrir las necesidades de estos lectores “no masivos”, puede resultar en una fórmula coherente.

Veremos ahora cómo cambian las reglas del juego con la entrada del libro electrónico (la “no tirada”) y de las pequeñas editoriales que apuestan por una impresión en papel pero bajo demanda.

En este sentido, cierro con un consejo de José Ángel Zapatero a aquellos que quieran iniciar su andadura en el mundo editorial: “formarse bien en una doble vertiente: empresarial y tecnológica. Pero, sobre todo, leer mucho y saber escuchar: es lo que le puede aportar olfato para acertar qué títulos merecen ser editados y, por tanto, que su proyecto editorial sea viable”. Tomaremos nota.

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