El “humo” llega también al debate sobre el libro electrónico en la Feria del Libro de Londres

Coincidiendo con la semana que acoge el Día Mundial del Libro y  también -tristemente- con el caos aéreo provocado por la entrada en erupción del volcán Eyjafjöll, en Islandia, ha dado comienzo la London Book Fair con una asistencia muy inferior a la deseada debido a la restricciones del tráfico aéreo en gran parte de Europa.

El título de este post peca de socarrón, lo reconozco. Supongo que esperaba noticias y comentarios frescos de los señores del norte respecto al libro electrónico, sobre todo porque he conocido algunas iniciativas en cuanto a aplicaciones (desarrolladas prinicipalmente para teléfonos móviles) que parecían augurar una mayor claridad sobre el tema.  Sin embargo, el debate sobre cómo encaran las editoriales el futuro -tal y como se presenta en Bookseller.com– es lluvia sobre mojado.

Las declaraciones del Director Ejecutivo de Bloomsbury (casa editorial que ha visto, entre otros, el éxito de la saga Harry Potter) no se distancian mucho de las de los representantes de editoriales españolas que piden precaución a la hora de establecer los precios de los libros digitales. Más concretamente, Richard Charkin habla de la necesidad de “marcar precios de forma inteligente y no con la única intención de incrementar las ventas”. A esto, las respuestas tampoco son sorprendentes: los hay que reclaman mayor agilidad por parte de los editores a la hora de subirse al carro digital; los hay quienes no entienden por qué tanta precaución cuando -en teoría- hablamos de eliminar del proceso los costes de almacenaje, producción y distribucción; y los hay que se defienden argumentando que el desarrollo de las nuevas aplicaciones necesarias para poner en el mercado los libros digitales requiere altas inversiones que habrá que recuperar.

En cuanto a debate, nada nuevo bajo el sol. Y una sensación de prueba-error que veremos a dónde lleva cuando el mercado europeo se ponga las pilas.

Y, de nuevo, la duda sobre dónde queda ahora la figura del editor. Interesante la respuesta de Kate Wilson, fundadora de la editorial Nosy Crow, especializada en literatura infantil: “tenemos que ser capaces de ofrecer algo y saber qué es realmente lo que hacemos en ese espacio entre el autor y el lector. De otra forma, no merecemos estar ahí. Los autores son los creadores; tenemos que averiguar cómo podemos serles útiles a ellos y a las diferentes formas que nacen de la creatividad”

Interesante a mi modo de ver porque sigo con interés este debate, y tengo la impresión de que en este sálvese quien pueda mucho se está hablando de modelos de negocio y de precios, y poco -a veces nada- de los autores. Y sin ellos si que no hay nada que hacer.

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