Vampiros para ellas y zombies para ellos: la literatura de terror también sabe de sexos

Merodeando por una gran librería de Madrid, no he podido evitar escuchar una conversación en la que un chico de unos 30 años le pedía información al dependiente sobre libros de vampiros. “Es para mi novia”, puntualizó.

No estoy segura de si realmente este chico buscaba un libro para su novia o le daba cierto reparo confesar que le gustan los libros de vampiros. Una u otra cosa nos lleva a lo mismo. Está claro que de un tiempo a esta parte -y beneficiado por los vampiros extracool de la saga Crepúsculo-, la literatura vampírica se ha convertido en un pseudogénero para chicas. Y no sólo para adolescentes, pues fenómenos como el de los libros de Stephenie Meyer demuestran que colmillos afilados y romance son una mezcla crossover. Efectivamente, tras el detalle del chico en busca de un regalo para su novia de cerca de 30 años -supongo- y movida por la curiosidad, he merodeado un rato más entre los libros protagonizados por vampiros. Y me encuentro con que una cantidad significativa de ellos se presentan con cubiertas claramente femeninas. Van desde un estilo gotierótico de vampiresas sexys a lo Victoria Francés, hasta ilustraciones de seductores vampiros, pasando claro está por las clásicas fotografías de los protagonistas no menos atractivos de tal o cual película.

Pero la imagen de los vampiros no siempre fue así. Nacidos del eterno enigma del más allá, la superstición y el desconocimiento del cuerpo humano y las enfermedades, ya desde el s.XVII  muchos autores buscaron dotar de personalidad a los seres chupasangre en sus escritos. Pero es en el s.XIX cuando la moda vampírica experimenta su primer auge. El Vampiro, escrito por J.William Polidori en 1819, es considerado el inicio del “vampiro romántico”, con un protagonista seductor y aristocrático, pero terrible, supuestamente inspirado en la persona de Lord Byron.  Tuvo influencia en algunos artistas posteriores, que en sus obras dotaron a estos seres de cierta carga romántica y erótica (su insaciable sed de sangre era fácilmente extrapolable a la lujuria). Tal es el caso, entre otros, de la Carmilla de Le Fanu, o -como equivalente en pintura- los vampiros de  P. Burne Jones o Edward Munch.

Hubo autores que, sin embargo, vieron en la figura del vampiro la de un ser terrible, y físicamente repugnante. En La casa maldita, Lovecraft nos describe a un vampiro maloliente y prácticamente incorpóreo. Poe describe “el blanco y horrible espectro” de los dientes de Berenice. El Drácula que concibió Bram Stoker en 1897 es un conde sí, pero viejo y decrépito, ni mucho menos un guaperas. Parece que a los productores de cine no les convencía. En 1922 había sido convertido en un horrendo Nosferatu por el director F.W.Murnau y, muchos años después, Coppola lo transformaba en un sexy caballero rumano.

Aunque a través de los años, e incluso de los siglos, la figura del vampiro ha podido adquirir ciertos rasgos románticos, creo que el punto de inflexión sucede cuando los vampiros dejan de ser románticos e inmortales asesinos para pasar a convertirse -además- en buenas personas. El Disney de los vampiros. La Entrevista de Anne Rice con el vampiro Louis fue todo un éxito. Se publicó en 1976 y se hizo mundialmente conocida cuando fue llevada al cine con los guaperas del momento como protagonistas. Un chico guapo, inmortal, protector, y que encima no mata gente. Nada más sexy que eso.

Veo en este punto -el inmortal protector- el más femenino de toda esta historia, lo que ha llevado a la literatura de vampiros a ser percibida hoy por hoy como un género para chicas. Desde Anne Rice y sus Crónicas Vampíricas ha sido explotado en la literatura y el cine hasta la saciedad, culminando con los súper aspiracionales vampiros-top-model-y-enamorados-de-dulce-chica-mortal de la exitosa Crepúsculo, donde también tenemos amables hombres lobo, todos ellos luciendo modelitos y peinado a la última.

Un interesante soplo de aire fresco: la niña vampiro de Déjame entrar, un libro del sueco John Ajvide Lindqvist (2009), y que él mismo guionizó para su adaptación cinematográfica. Recomendable.

¿Y qué pasa con los zombies? Pues de momento, tenemos el caso contrario. Desde que H.P. Lovecraft nos presentase a un novedoso muerto viviente en Hervert West: reanimador, el género de zombies parece que se ha quedado relegado en los límites de los cómics, videojuegos y la ciencia ficción, todos ellos prioritariamente masculinos. Los zombies siguen siendo muertos vivientes con algún pedazo de carne menos y la ropa en muy mal estado. Nada sexy. Las cubiertas de los libros, muy en la línea de la ciencia ficción. Algo que por cierto ha cambiado recientemente con la salida al mercado de las versiones resucitadas (nunca mejor dicho) de varios clásicos: Orgullo y Prejuicio y Zombies, y Lazarillo Z, de los que no puedo daros opinión porque no los he leído.

De momento, eso sí, los zombies siguen siendo monstruos. Los vampiros parece más bien que se han pasado al bando de los héroes.

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5 comentarios

  1. Así como Mr. Lindqvist ya dio otra vuelta de tuerca al mito vampírico en Déjame entrar, su nueva novela hace lo mismo pero con los zombies. Terrible este hombre de bueno. Se titula Descansa en paz y también es recomendable, oiga. Cuando lo acabe, si quiere se lo dejo…
    Nos vemos eh?

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