Librería de libros. ¿Tienda de discos de vinilo?

Por casualidad me he topado con un blog llamado Agenda et Corritgenda. También por casualidad he llegado a un post en el que un visitante se quejaba de haber preguntado por una librería y que le indicasen un local donde se vendían libros, pero también calcetines y ultramarinos. Algo, por otro lado, aún habitual en localidades pequeñas.

Pero lo que me ha llamado la atención ha sido la fotografía. Librería de libros. Separada de la queja que la motivó, ha tenido sobre mí un efecto de intertidumbre renovada sobre qué y cómo serán las librerías de aquí a unos años. Al igual que las tiendas que venden -y proclaman vender- máquinas de escribir, o discos de vinilo, ¿tendrás todas un cartel cómo ese? De libros.

Según la RAE (sin tomar todas las posibles definiciones):

Librería:  Tienda donde se venden libros

Libro: 1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen.

2. m. Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte. 

Según esto, la “tienda donde se venden libros” puede ser física, o no.

Los señores de la Real Academia Española ya se han puesto las pilas. A los lectores, gracias a Internet cada vez más acostumbrados a recibir cientos de estímulos diferentes a la vez, no les queda mucho para darse cuenta de que lo mismo que se aplica en las revisas y periódicos digitales que ya leen, puede ser  en no demasiado tiempo aplicado a los libros. La literatura ya no será sólo letras. Serán enlaces a fuentes de información extra, a diccionarios. Música, entrevistas, ilustraciones interactivas. Quizás algo así como wikilibros de tinta electrónica.

Asusta pensar que los fuegos artificiales pueden esconder una prosa deficiente y suplantar a la buena palabra desnuda. Asusta imaginar que los libros pueden ser como alguna superproducción hollywoodiense al servicio de la forma, sin contenido. Bueno, hoy por hoy ya hay libros malos, y sólo tienen letras. Mañana, habrá también libros malos, aunque se disfracen de juguete.

Ilusiona ver explotadas al máximo las posibilidades de la literatura, desdibujadas sus barreras. Es el progreso, es imparable, aunque se lleve por delante a los nostálgicos quienes -creo- nunca verán desaparecer por completo el libro tal y como hoy lo conocemos. De momento, hay opiniones para todos los gustos.

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