Books by George Orwell vs Books Today: Round 2: Anatomía de un lector

[…] Nuestra tienda contaba con material de un interés excepcional, aunque dudo si el diez por ciento de nuestros clientes sabía distinguir un libro malo de uno bueno.  Los snobs a la caza de primeras ediciones eran mucho más habituales que los amantes de la literatura, pero los estudiantes orientales en busca de libros de texto de ocasión eran aún más habituales;  las mujeres de mente relajada buscando regalos para sus sobrinos eran lo más común de todo.

George Orwell/Bookshop Memories

Traducción: Cristina Reglero


(…viene de Books v. cigarettes. George Orwell)

Tras su análisis del precio de los libros, seguimos con Bookshop Memories, dentro de la recopilación de ensayos en Books v. Cigarettes. Esta vez, George Orwell  nos ofrece su sincera visión de los lectores y compradores de libros, escaneados desde el mostrador de la librería de segunda mano donde trabajaba. Hablamos de 1936.

Además de exponer las dificultades por las que pasaba la librería debido a la informalidad de algunos clientes (encargaban docenas de títulos pero nunca los recogían), Orwell analiza las motivaciones de compra y los tipos de lectura. Sin pelos en la lengua. Se queja de los compradores que buscan el libro más como objeto que como contenedor de literatura. Se queja de que, contra toda lógica, los libros más vendidos son junk, basura, literatura romántica, o histórica con romance de por medio –para ellas-, e historias de detectives y misterio para ellos, mientras que Hemingway, Walpole o Dickens se mueren de asco en los estantes. Estos últimos –según Orwell- son los autores que todo el mundo asegura estar leyendo (como la Biblia, dice), pero que nadie lee.

Habla también de que las historias cortas, los relatos, apenas se venden (“El tipo de persona que pide una recomendación al librero suele empezar así: No quiero relatos”). Orwell opina que es más fácil sumergirse en una novela “que no requiere ningún esfuerzo mental más allá del primer capítulo”.

Opiniones un tanto maniqueas a ratos, pero que no le restan interés a este ensayo. Y, curiosamente, casi 75 años después me sigue pareciendo actual. Afortunadamente las mujeres hemos dejado de leer sólo novelas románticas, pero se mantiene –y alienta desde las editoriales- el gusto por la novela histórica que, en el escalón más alto del pódium, mezcla un poco de pseudohistoria, un poco de misterio y detectives y, cómo no, algún que otro romance o tensión sexual, sustituible por varios momentos de sexo explícito.

Tampoco Orwell se equivocaba mucho al afirmar que hay un fetichismo por el libro como objeto que no siempre tiene que ver con el amor a la literatura. La defensa a ultranza que escucho a menudo acerca del maligno e-book, destructor del hermoso libro e papel con sus hojas, su olor y su tacto, pone de manifiesto que hay quien aún no sabe –o no quiere- distinguir entre contenedor y contenido, entre libro y literatura.

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