Maquiavelo, no maquiavélico.

[…] Existe toda una literatura antimaquiavélica. Federico El Grande —con evidente hipocresía— le llamó «Enemigo de la Humanidad», si bien siguió en parte sus consejos. Desde afirmar que el libro no dice nada, a considerarlo como un manual para pandilleros; desde atribuirle el mérito de sentar las normas para unir en un todo coherente la colección caótica de pequeños Principados, a ser definido por Mussolini como un vademécum para estadistas, podemos descubrir los más variados juicios y las interpretaciones más diversas.

Los escritores jesuitas consideran a Nicolás Maquiavelo como el Socio del Diablo. Se le ha tachado también de gran corrupto, de maestro del mal, de estar inspirado por el demonio para conducir a los hombres justos a la perdición. El cardenal inglés Pole y más tarde el obispo portugués Osorio, consideran horrendo y pecaminoso el libro del florentino. El arzobispo Politi le acusa de ser con su «Príncipe» el propugnador de la perversidad, de la astucia y de la inobservancia de los pactos.

Sabino Fernández Campo/ Estudio preliminar a El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo

El fin justifica los medios. Una frase que forma ya parte del refranero popular y que también popularmente ha sido atribuida a Nicolás Maquiavelo, aunque él nunca la escribió.

Quién no ha oído hablar de él. Quién no ha acusado a alguien de ser maquiávelico, queriendo tacharle así de retorcido, inhumano y cruel. Tras la lectura de El Príncipe, la obra más conocida del político humanista y filósofo Niccòlo Machiavelli, uno se lo piensa dos veces antes de volver a utilizar el término.

No estamos ante una novela, sino ante un tratado político, lo cual para muchos será desde ya un click en cerrar página ante amenaza de tostón. Nada más lejos de la realidad. El Príncipe es un libro altamente recomendable, y en la versión –supuestamente- comentada por Napoleón Bonaparte, hay promesa de más de una y más de dos sonrisas. Digo supuestamente porque de un tiempo a esta parte me llegan noticias de que los comentarios del emperador francés no son más que un fraude. Me gusta pensar que no es cierto y, si lo fuera, el buen rato ya no me lo quita nadie.

Este libro y su autor dan para un blog entero. De hecho, una obra que sobre la que se han escrito tantos estudios demuestra que, para bien o para mal, no deja indiferente. No quedará decepcionado quien se anime a buscar información extra sobre la excepcional figura de Maquiavelo. Yo trataré de ser breve:

Afrontar la correcta lectura de El Príncipe implica liberarse de prejuicios. Una vez conseguido esto (que es lo más difícil), hay que situarse en el contexto sociopolítico en el que se escribió la obra. Florencia, 1513. Italia no es como hoy la conocemos, sino que se encuentra dividida en múltiples provincias o principados, gobernados por príncipes o señores feudales, a su vez sometidos al poder de la Iglesia Católica, primero con el papa Julio II (sucesor de Alejandro VI, el “papa Borgia”), y después con León X, hijo de Lorenzo de Médici, llamado El Magnífico. Tras años de esplendor bajo el poder absolutista de los Médici, Italia vive una situación de decadencia propiciado por los cambios políticos y las guerras. Tras la República, los Médicis vuelven al poder. Maquiavelo es apresado con cargos de conspiración y enviado a prisión. Liberado pero en el exilio, es en esta época donde el autor escribe sus mejores obras, El Príncipe, entre ellas.

[…] Y guiándome por lo que dice Dante, sobre que no puede haber ciencia si no retenemos lo que aprendemos, he puesto por escrito lo que de su conversación he apreciado como lo más esencial, y compuesto un opúsculo “De Principatibus”, en el que profundizo, hasta donde puedo, los problemas de este tema que es: “la soberanía, cuántas especies hay, y cómo se adquiere, se conserva y se pierde”.

Maquiavelo, Carta a su amigo Vettori. 1513

El libro habla de los tipos de mandato, de los modelos de dominación, de la relación entre los gobernantes y los gobernados. Las usurpaciones de poder, los aduladores y consejeros, las conjuras, la compra de privilegios. Todo ello con el espíritu de un historiador, de un político y de un sociólogo, perfectamente estructurado. Pero lo que considero la mayor aportación de Maquiavelo en El príncipe es precisamente lo que le hizo ganarse su fama de depravado, fama que llega hasta nuestro días: la sinceridad. Una claridad tal que a ratos se me antoja ingenua. Los monarcas absolutos, los papas que tenían más de militares y capos que de sacerdotes, se retratan de forma hiperrealista en este libro. Sus políticas, sus comportamientos mafiosos. Maquiavelo no los condena, se limita a exponer lo que él considera la forma más ideal de gobierno, y a aconsejar a los príncipes cómo ostentar el poder para conseguir el esplendor de sus naciones. Ese es el fin, y los medios eran los que eran, ya se disfrazasen de caridad cristiana o se mostrasen sin pelos en la lengua, a lo Maquiavelo.

Las reflexiones de Maquiavelo pueden tomarse como una exposición realista del Estado en la Europa del Renacimiento; o, como hace Napoleón en esta versión (no sin cierta gracia, por lo que de egolatría tienen), como un manual de instrucciones para llegar a ser Emperador del mundo sin que te pese la conciencia. El príncipe de Maquiavelo puede ser un César Borgia, que llega a nuestro presente como un déspota, o un Fernando el Católico, al que la Historia no ha tratado tan mal.

No pocas cosas de El Príncipe nos resultarán familiares cinco siglos después, aunque ya nadie las exponga con tantísima franqueza.

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4 comentarios

  1. Muchas gracias. Cada vez que leo tus artículos me dan ganas de salir corriendo a leer los libros que recomendas. Me inspiran mucho tus escritos. Soy medio vago para leer, y necesito de inspiración como la que vos me das. Gracias otra vez. Saludos desde Argentina.

  2. Hola Viejo Sabio,
    me alegran el día comentarios como el tuyo. El objetivo de este blog es animar a la lectura, y si algún post sirve para ello me doy por satisfecha. Si eres medio vago y te da pereza leer, mi consejo es que nunca te fuerces a abrir un libro que no te apetece mucho. Debe ser un polacer, no un sufrimiento o un deber. Lo importante es leer, y hay tanto…que hacer sacrificios no tiene sentido.
    Saludos

  3. ¿Y Qué pasó con aquella reflexión de Maquiavello que dice? : ” Si dices que sí te mato, si dices que no también te mato”…!!!

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