Arena poco digitalizada

Ilusamente esperaba mayor presencia de lectores de libros electrónicos en playas y piscinas este verano. De hecho, no recuerdo haber visto uno solo, y eso que desde los EE.UU gigantes como Barnes&Noble señalan al eBook como uno de los responsables de su inesperada caída.

Está claro que  a este lado del charco lo único que ha despegado -y hace ya tiempo- son los temores. Conversaciones y especulaciones acerca de los futuros del libro las ha habido y hay para aburrir. Literalmente. Hasta hace un par de meses clickaba compulsivamente en cualquier artículo que prometiese hablar de un futuro literario digital. Llegó la Feria del Libro de Madrid y ni rastro de libros electrónicos (ya relaté mi particular gymkana en su momento). Y cómo no recordar -aunque parece difícil olvidarlo- el tan esperado y aún más decepcionante lanzamiento de Libranda allá por julio. Lo que prometía ser la mayor plataforma de distribución de e-books en España ha resultado ser una muestra perfecta de cómo llevar al límite de su paciencia a un posible comprador. La experiencia de usuario es tan terrible que cualquiera renunciaría a seguir leyendo su libro favorito con tal de no tener que rellenar el formulario de Adobe Digital Editions, instalar el programa, decidir en qué librería comprar tu libro, rellenar el formulario de la librería y, por fin, descubrir que el precio del e-book elegido es bastante mayor de lo que esperabas o que no podrás leerlo en tu iPad. Pero había que estar, para no quedarse atrás. Y ahí está. Otra cosa es creer en ello.

En fin, que me aburre. Me aburren las conversaciones de cocina para dentro que acaban en iniciativas que excluyen los intereses del lector. Por no hablar de la transmisión de la cultura, que parece que hace tiempo dejó de pintar algo en todo esto. Me cansan las preocupaciones por los números, por la piratería sobre algo que apenas existe (me viene de nuevo a la cabeza el comentario de Ángel María Herrera, de Bubok, en una de las mesas redondas de la última Feria del Libro de Madrid: “Ojalá el pirateo de libros fuera el problema de España”); por no hablar de los que de repente entran en éxtasis, ojos en blanco, al hablar del tacto del papel, del olor, sabor color poesía inteligencia sabiduría del papel, cuyo nombre no ha de tomarás en vano -a riesgo de convertirte en un paria-. Hasta que les saca del trance el sonido de un nuevo sms en su Blackberry.

En un interesante artículo de la revista Literata, Martín Gómez de [el ojo fisgón] planteaba, comenzando el mes de julio, una serie de preguntas pendientes de respuesta acerca del precio, derechos, gestión de descarga…en base a los que debería gestionarse la ditribución de libros electrónicos. A estas preguntas me gustaría añadir una: ¿por qué el libro electrónico está siendo tratado como el hermano tonto del libro de papel? El segundón. Existe el catálogo en papel y su hermano feo, en digital. Con menos encanto, algo -no mucho- más barato y sobre todo funcional (simpático). La pregunta es cuándo se empezará a crear desde cero pensando en las inmensas posibilidades de lo digital y se dejarán de infravalorar e infrautilizar las aportaciones que la tecnología puede hacer a la literatura. Las ventajas deberían ser mucho mayores que la de simplemente tener en un aparatejo lo mismo que tienes en un libro de papel inventado hace siglos. ¿A eso le llamamos tecnología? ¿No habría que crear, en vez de adaptar como locos? Me parece que los señores de Apple lo han visto claro y no tardarán en desmarcarse y seguir ganando terreno, con o sin tinta electrónica. ¿De verdad un país con la tradición y producción literaria del nuestro ha de quedarse tan a la cola porque no nos decidimos a pensar en digital con valentía, desde la misma creación?

Se está hablando mucho de convivencia. Libro en papel y libro en digital, tranquilos, ambos formatos pueden convivir en paz y armonía. Esto es imposible si ambos pretenden ofrecer lo mismo pero en diferente soporte (como en Los Inmortales, al final, sólo puede quedar uno…). Y quizás la clave, precisamente, está en separarlos: lo digital es la solución ideal para….., el papel es la solución ideal para…. Y aplicar esta separación a los canales de comunicación empleados (que, indudablemente, no podrán coincidir siempre) para dirigirnos a los consumidores que previamente hemos determinado como nuestro público objetivo (¿qué les intesa? ¿qué les moviliza? ¿qué recursos tienen? ¿dónde se mueven? ¿cómo se comunican entre sí?).

Decir que Literatura es sólo igual a libro es ser estrechos de miras.

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