Paddy Clarke Ha Ha Ha

– ¿Qué pasa Patrick?

– Tengo vocación.

– ¿Alguien te ha estado diciendo cosas? – preguntó ella.

   No estaba siendo como yo esperaba.

– No -contesté- Quiero ser misionario.

– Buen chico – dijo, pero no era de la forma que yo quería. Quería que llorara. Que mi papá me diese un apretón de  manos. A él se lo conté cuando volvió del trabajo.

– Tengo vocación.

– No -dijo él-. No la tienes. Eres demasiado joven.

Roddy Doyle/Paddy Clarke Ha Ha Ha

 

 

Paddy Clarke Ha Ha Ha, segundo libro que leo del irlandés Roddy Doyle, un autor que he felizmente he descubierto este año de casualidad, mientras cotilleaba cubiertas en Daunt Books. Segundo libro, segundo aplauso. El primero fue por La mujer que se estrellaba contra las puertas, un texto excelente en torno al callejón sin salida de Paula.

Ahora tenemos a Patrick “Paddy” Clark Junior como protagonista. Un niño de diez años que nos abre las puertas de su infancia en un Barrytown, barrio irlandés de clase humilde, en los años 60. Doyle vuelve a la primera persona, con un estilo plagado del slang local (aviso: esto suma cierta complicación si se va a leer en su idioma original) y una estructura que parte de los recuerdos desordenados de Paddy, quien sin embargo va creciendo en su entendimiento de la realidad que lo rodea. La crueldad y egoísmo infantiles, los intereses que le mueven, su visión de una familia desestructurada, su interacción con los amigos -cuya aprobación o desaprobación supone su pertenencia o exilio del grupo-; los descubrimientos, la madurez antes de tiempo. Todo ello está perfectamente captado en un libro que realmente podría haber salido de los pensamientos reproducidos de un niño. Estilo sobresaliente, divertido y duro.

Salvando las distancias con la hostilidad del entorno que rodea a Paddy -y por mi parte también algunos añitos-, a más de uno le vendrán a la cabeza los propios recuerdos infantiles de juegos temerarios e inseguridades, de luchas por popularidad entre los chicos del barrio o en el patio del recreo, cuanto todavía no había playstationes, facebookes ni parquecitos vallados y de colores en los barrios y los niños nos criábamos a base de monopatín, bocata de fuagrás y carreras en la calle.

Recomendado queda.

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