Fantomas contra los vampiros multinacionales: la historieta de Cortázar

Sí, Julio, se sabe por el trabajo o la falta de trabajo, por el precio de las papas, por el muchacho que balearon en la esquina, por los ricachos que se pasan en sus autos delante de las villas miseria (es una metáfora porque tienen bien cuidado de no pasar en su puta vida). […] Esas cosas se saben, Julio, en el fondo todo el mundo las sabe, pero somos flojos o andamos desconcertados, o nos han lavado el cerebro y creemos que tan mal no nos va, simplemente porque no nos allanan la casa o nos matan a patadas…

Julio Cortázar/Fantomas contra los vampiros multinacionales

En 1977 Julio Cortázar rescató al villano creado por los franceses Pierre Souvestre y Marcel Allain casi setenta años antes para convertirlo en el héroe de su obra Fantomas contra los vampiros multinacionales. Su objetivo era dirigir la mirada hacia los acontecimientos denunciados por el Tribunal_Russell, organismo constituido principalmente por intelectuales cuya misión es la denuncia de crímenes de guerra y contra la Humanidad, presidido por Gabriel García Márquez en su segunda edición.

Con ese humor que le caracteriza, Cortázar reescribe una historia que ya había llegado a sus manos en forma de comic. Una historieta mejicana que contaba con varios intelectuales (entre ellos el propio Cortázar) como personajes, y cuya trama gira en torno a la misteriosa destrucción de obras de arte.

Los personajes de Fantomas contra los vampiros multinacionales son escritores e intelectuales de sobra conocidos, unido su discurso por un narrador (Julio) que es a su vez autor de la obra. En el ajo están escritores como Octavio Paz o Eduardo Galeano. También cineastan, actores, presidentes y dictadores. De lectura agilísima y amenizado con ilustraciones a modo de historieta, el misterio de la quema internacional de libros en todas las bibliotecas del mundo se mezcla con un intento heroico de Fantomas por dar caza a los villanos que tratan de hacer desaparecer los fondos culturales del planeta. Entretanto -y mientras la prensa internacional se preocupa más por los libros que por las personas-, Cortázar dirige su mirada hacia los esfuerzos inútiles de los intelectuales que denuncian sin pasar realmente a la acción y, por extensión, hacia una sociedad perezosa e inmóvil.

Personalmente, le encuentro muchas virtudes (ya comentadas) a este libro. También algún defecto: cierto espíritu propagandista con aire a sermón ya alcanzando casi el final y, en ocasiones, un despliegue de fuegos artificiales en forma de agenda de contactos del autor del que, bien está decirlo, el mismo Cortázar se acaba riendo.

Sea como sea, otra lectura recomendada.

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