¿Estamos dispuestos a pagar por contenidos digitales?

Hace unos días abrí un debate en Linkedin, en el grupo dedicado a temas de publicación digital principalmente en Norteamérica.  Formulaba la siguiente pregunta: ¿Estamos dispuestos a pagar por contenidos digitales?

La duda parte de la experiencia que estoy viviendo gracias a un experimento de literatura digital por capítulos en el que participo como editora y en labores de comunicación. Como comentaba al abrir la cuestión, tras sólo unos meses de su lanzamiento en España y América Latina es imposible sacar conclusiones definitivas o hablar de un análisis serio, pero comenzamos a detectar ciertas tendencias en lo que a consumo de contenidos digitales en estos mercados se refiere:

Resumiendo, el producto/serie literaria gusta, hay un número alto de descargas del primer capítulo y reacciones generalmente positivas –incluso muy positivas- hacia él y, quizás debido al contenido altamente irreverente, buen grado de viralización…, pero llega el momento de pagar por el segundo capítulo. Precio: 1€. ¿Qué ocurre entonces? Nos encontramos con unos pocos que lo hacen sin problemas, y con unos muchos que

o bien no quieren pagar por un “intangible” (“ Ya pago por mi ADSL todos los meses, ¿por qué pagar también por los libros de no-papel que están en internet, que no tendré en mi estantería? Si incluso mi música y mis pelis las consigo de forma gratuita”)

o les da pereza, o no están acostumbrados a incluir sus datos en internet (con suerte, lo hacen dos veces al año para comprar un billete de avión o reservar un hotel con encanto) y pasan a otra cosa, que para eso la red está saturada de diversión rápida y gratuita.

o –y no es tan poco común- no cuentan con tarjeta de crédito ni están familiarizados con servicios facilitadores de pago como Paypal.

Por supuesto, el formato más consumido es el PDF de toda la vida o incluso la visualización online en forma de flash multimedia. El ePUB  cuenta con un índice de descargas residual: los e-reader siguen sin hacerse un hueco notable en nuestros mercados. Acabamos de liberar una versión para Kindle, a ver qué pasa.

Entonces, volviendo al debate y con el fin de ver qué se cuece en otros países (EE.UU principalmente), nos encontramos algunas de las respuestas a aquel ¿Estamos dispuestos a pagar por contenidos digitales?, que reproduzco a continuación:

“In the United States, most people feel that they have to pay for good content and do not actively search for free “pirated” literature. This is especially true if you own an Amazon Kindle.”

“My experience is North America and Europe. People are willing to pay for content, but piracy is justified by people who would never steal a print book”.

“I think people are more than willing to pay for digital goods if products are available, reasonably priced, and perceived as a good value.”

“I see more and more people are OK today to purchase digital products – ebooks, music, podcasts, trainings. Of course, most of them are young people with a new attitude and new thinking models.” “One of the most sucessful examples of digital products being sold is Apple App Store, and In-game digital objects / currency (as in Zynga’s Farmville or other social games). Both share the same principle: prices keep extremely low, one-click purchase funneling and a depth array of options.”

 
“For me it’s about ownership. Books to me are not a disposable commodity, so if I am paying for the content, I want ownership of that content. I’m not going to pay 10% less than cover price for data when it has $0 value after I’ve consumed it.”
 
 Bien, extrapolando esto a nuestro pequeño proyecto experimental, parece que va siendo hora de cruzar el charco, pero en dirección al norte, donde es mucho más habitual realizar compras por internet y, además, hay cierta disposición al no-pirateo. En ello estamos.

En cuanto a la oferta de e-books en particular como producto digital, en general geográficamente hablando, está claro que no existen hoy por hoy precios competitivos, contenidos con valor añadido y que, de forma habitual, el acceso a los mismos suele ser dolorosamente lento debido al sistema de protección por DRM, que sigue siendo el más utilizado. Y que esto no ocurre sólo en España.

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2 comentarios

  1. Hace poco trabajé en un proyecto de ebooks y ereaders y claro, previamente hemos analizado el mercado y estudiado el tema.
    A pesar que el mensaje a comunciar era “se acepta que un ebook cueste solo un 20% menos que su versión digital porque hay gastos de conversión, bla, bla, bla”, en realidad la teoría no se sostiene. Aunque en EEUU la gente sí está dispuesta a pagar por contenidos de calidad si el precio es adecuado (por ejemplo, 4 o 5€ por libros recién lanzados, 2 o 3€ por ediciones más antiguas) sí que es cierto que el proceso del DRM entorpece enormemente la compra, y muchos usuarios lo dejan por pereza. Además, gran parte de lo que cobran va a parar a los intermediarios, y no al autor, con lo que el público siente que no debe pagar “total, el dinero no va a quien creó este producto, sino a unas personas que, encima, ya no gastan dinero en imprimir y alamacenar libros en tiendas”.
    Creo que la soluci`´on podría pasar un poco por la fórmula que siguen muchos grupos de música, dejar contenidos gratuitos y que la gente pague “la voluntad”. O, como ya Apple está haciendo, que tú te puedas comprar y descargar un contenido sin que ningún DRM te frene el proceso y te impida compartirlo con tus cercanos.
    Pero claro, esto no vende, y, por lo tanto, no se potencia en este momento.

  2. Hola Mariola,
    gracias por el comentario. Me encantaría conocer más acerca de tu proyecto para libros digitales.

    personalmente pienso que problema con las donaciones es que no es lo mismo que un grupo como Radiohead cuelgue en su web su último album y deje a la conciencia del consumidor el pagar (donar) o no por él, a que lo haga un grupo apenas conocido, o desconocido por completo. Trasladado a los libros, imagino que muchos lectores estarían dispuestos a donar por el último de Harry Potter, por ejemplo, pero no tengo claro qué pasaría con los trabajos de obras sin tal reconocimiento.

    Desde luego y como dices, la solución no pasa por el DRM y sí por precios razonables (como los que ofrece Amazon) y contenido de calidad. ¿Pero cómo compaginar esto con la sostenibilidad del negocio? Creo que aún falta mucho camino, y aún más en España y Latinoamérica, y que de momento estamos en un periodo de prueba-error en el que la tendencia, de momento, es la que marcan líderes como Amazon. El problema real llegará cuando gigantes como este irrumpan en nuestros mercados.

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