Benedetti, dame una tregua

Quizás yo sea un maniático de la equidistancia. En cada problema que se me presenta, nunca me siento atraído por las soluciones extremistas. Es posible que esa sea la raíz de mi frustración.

Mario Benedetti / La tregua

¡Cómo me he aburrido leyendo La tregua, de Benedetti! Y mira que lo he intentado. Vamos, dale cuartelillo, que es Benedetti. Que te lo han recomendado. Mira las críticas. Qué va. Llego casi hasta el final. Pero el que me debe una tregua es él y, como veo que no, lo dejo en la página 141, que ya está bien.

Que el libro sea el más leído de este escritor uruguayo me hace dudar, claro, pensar que algo me estoy dejando, pero no puedo recomenzar. ¿De qué va? Pues trata sobre la frustración vital, el presente gris, el futuro más gris, la rutina. Y Benedetti lo hace tan bien que me ha inyectado una dosis de pesimismo de la que tendré que deshacerme, oh no, a base de libros de autoayuda.

 No es que sea difícil identificarnos a ratos con este oficinista frustrado que cada viernes se sienta en el sofá a preguntarse qué está haciendo con su vida (yo me lo suelo preguntar los lunes). Y que ve la puerta de salida en forma de compañera de trabajo mucho más joven que él. Qué va, la temática es atemporal, acertada y de interés general, y más en los tiempos que corren.

Lo que pasa es que este oficinista que plasma su frustración en un diario se enrolla como las persianas, mete el dedo en su propia herida una y otra vez, se la lame, sonríe un poquitín y vuelta a lo mismo, no sé si cuesta abajo o cuesta arriba. Excelente me hubiese parecido para un relato tirando a breve.

Vale, tenemos en la literatura mil ejemplos de caída en espiral con triple vuelta. Estoy demasiado deprimida para pensar, pero me vienen a la cabeza dos obras de Kafka, El castillo y El proceso en las que –diréis- si que no pasa nada de nada. Pues sí, pasa, por no decir que el bueno de K me hace morir de la risa. Acción en espiral, pero las emociones de K son una montaña rusa de las que el lector participa. Por el contrario, el oficinista con dotes de filósofo frustrado Martín Santomé, al que no queda otra que compadecer, tiene las constantes vitales de una momia del British, y con suerte hay indicios (pocos) de reanimación cuando le echa el ojo a Avellaneda, su compañera de trabajo, su “tregua”.

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3 comentarios

  1. jeje, yo no lo he leído todavía y después de leer tu post no sé si me ha entrado más curiosidad o me has quitado las ganas! lo tengo que decidir ;p
    viva K!

  2. ¡Jajaja! Completamente de acuerdo. Lo leí entero (era un regalo, soy un cobarde). Es aburridísimo. No pasa nada de nada y encima está escrito sin amor. Seguro que alguien dice: “Ese tedio, es lo que quería lograr”. Pues entonces me alegro. Lo felicito. Quedó un libro aburrido como para dormir a una panda de monos drogados. Saludos.

  3. pues a mi me está encantando…………………………………………………me parece que cada parte de ese libro tiene una delicadeza y un fondo precioso, relacionados sobre todo con la vida de Benedetti, por los temas parecidos de todos sus poemas. El mio también ha sido un regalo, y sin duda un buen regalo…………

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